Composición corporal del organismo

El estudio de la composición corporal del Organismo (CCO) está tomando  cada día un mayor interés clínico. Bien es cierto que no es una  disciplina nueva, pero conocer el estado anatómico, molecular y tisular de los distintos componentes del cuerpo, tiene un valor muy estimable, sobre todo en el campo de la nutrición, donde ha demostrado su aplicación clínica.

Por medio de la CCO se puede evaluar el estado nutricional del paciente así como la respuesta del organismo ante los alimentos aportados. Es útil para aquellos que van a someterse a dietas de adelgazamiento o para evaluar el estado nutricional de un paciente ante las diversas fases por las que pasa una patología concreta. Actualmente esta información se puede cuantificar, registrar y almacenar para comparar los datos obtenidos con exámenes posteriores.

El conocimiento de la CCO permite cuantificar las reservas del organismo y por lo tanto detectar y en su caso corregir los problemas nutricionales de sobrepeso y obesidad, en aquellas personas en las que existe un exceso de grasa o, por el contrario reparar situaciones de desnutrición cuando la masa grasa y la masa magra están claramente disminuidas como sucede en anorexias y malnutriciones. 

Resulta básico en numerosas ocasiones el estudio de la CCO. Es como hemos señalado más arriba, imprescindible para comprender el efecto que tiene sobre el organismo la dieta a la que se someten ciertos individuos en regímenes de adelgazamiento; es necesaria para evaluar el crecimiento de los niños y jóvenes; es muy útil en  la valoración del estado físico de los atletas y deportistas y es fundamental para el seguimiento de numerosas enfermedades (Obesidad, diabetes, malnutrición, anorexias). Es decir constituye el eje central y principal del estado nutricional del individuo.

En la CCO se han estimado tradicionalmente dos grupos: la masa grasa y la masa libre de grasa. Ahora bien, esta última hay que dividirla en tejido muscular, proteínas viscerales, proteínas plasmáticas, agua extracelular, piel y esqueleto. Con los métodos actuales de medida al esqueleto se le ha dado compartimiento propio.

La importancia de conocer los contenidos de grasa y de proteínas es de capital interés en la nutrición, puesto que estos componentes son las grandes reservas de energía y estructura del organismo. Por el contrario, las reservas de hidratos de carbono representan una fracción muy pequeña desde el punto de vista energético.

Actualmente se puede  cuantificar y fraccionar el peso o masa corporal en departamentos independientes: compartimiento de masa ósea o esquelética, de masa magra o masa libre de grasa y de masa grasa. E incluso las regiones de cada uno de estos compartimientos pueden cuantificarse y registrase independientemente.

El paso inicial en la evaluación clínica  de la CCO es la medida de peso y talla del individuo con lo se calcula el Índice de Masa Corporal (IMC). Este se obtiene muy fácilmente  dividiendo el peso del individuo (Kg) entre la medida de la talla al cuadrado (m2).

Desde hace unos años las Revistas Médicas Profesionales y las de Nutrición y de Centros Deportivos de Alto Rendimiento han dado un enfoque más riguroso a la CCO han dado una importancia capital al conocimiento de la CCO.

La mayor parte de los Centros de Salud y Deportivos, en realidad los  más cualificados, comienzan por cuantificar el estado basal del individuo al iniciar su tratamiento o puesta de forma valorando cada uno de los compartimientos antes mencionados por separado (compartimiento óseo, magro, graso). Se registran incluso el peso de las diferentes regiones que componen cada uno de estos departamentos para comprobar posteriormente cómo van modificándose (en peso y en tantos por ciento) con arreglo a la dieta y entrenamiento a que están siendo sometidos.

Es decir se evalúa el estado físico del deportista o del atleta, que esta siendo sometido a un riguroso sistema de alimentación y entrenamiento, registrando en primer lugar el estado basal de estos tres compartimentos seguido por un control periódico monitorización. Con los datos encontrados en estos departamentos y con el resultado de las pruebas periódicas fisiológicas y funcionales se puede comprobar realmente su estado físico y nutricional. Reuniendo estos informes los nutricionistas, fisiólogos y fisioterapeutas pueden decidir, de acorde con ellos, los programas de entrenamiento y de alimentación adecuados.

Se sabe que el agua con el 60% del total del organismo es el elemento más numeroso en la CCO, seguido de los lípidos con un 20%, de las proteínas con un 15% y de los minerales con un 5%. La enfermedad, la  alimentación, el ejercicio y el envejecimiento tienen  consecuencias importantes en la CCO.

El contenido del agua es aproximadamente de un 70% en un adolescente, de un 60% en un joven y en los adultos llega a disminuir hasta un 50%. Estas pérdidas de agua están relacionadas, sobre todo, con la pérdida de la masa muscular.

A lo largo de la vida la CCO se va modificando pues hay factores que influyen en la composición corporal y morfología del sujeto  como sucede con los genes específicos de cada sexo.

Se sabe bien al final de la maduración esquelética es cuando la masa ósea en más numerosa (compartimiento óseo) lo que sucede hacía los 30 años. A partir de esa edad tanto en hombres como en mujeres hay una progresiva pérdida de este componente. En la mujer después de la menopausia el deterioro es mayor.

El compartimiento de la masa magra está compuesto aproximadamente en un 80% por músculos esqueléticos. Se mide en kilogramos y químicamente se compone de proteínas, tejido conjuntivo, colágeno, piel y agua. En los hombres la masa magra llega a su máximo alrededor de a los 35 años; en las mujeres se mantiene hasta los 45 años pero a partir de esta fecha comienza a descender aunque de manera más lenta en los hombres.

Existe una muy buena relación entre el IMC y el compartimiento de la  grasa corporal. Con este índice (IMC), que ya hemos visto más arriba se obtiene una clasificación mundialmente bien reconocida.

  • Bajo Peso. <18,5. Poco riesgo de contraer enfermedades cardiacas, vasculo arteriales o metabólicas.
  • Normal. 18,5-24,9. Similar al anterior. Riesgo normal
  • Sobrepeso. 25-29,9: Existe un cierto riesgo de padecer las patologías antes enunciadas
  • Obesidad. >30,00
  • Obesidad I (30-34,9) Confiere un riesgo moderado
  • Obesidad II (35-39,9). Riesgo severo
  • Obesidad III. >40 Riesgo muy severo

La grasa se acumula en el cuerpo en forma de tejido adiposo (TA). En la actualidad se conoce que este TA, además de ser una reserva de lípidos, es un órgano endocrino que produce una variedad de hormonas y citoquinas que regulan el metabolismo e influyen en la CCO. Incluso en los últimos años se le está valorando como fuente de células madre adultas. Histológicamente el TA es uno de los considerados tejidos conectivos (conjuntivos laxo).

La distinción entre grasa y tejido adiposo en el lenguaje corriente es indistinguible pero en el campo de la CCO y en el metabolismo, "grasa" y “TA” son términos diferentes, y su distinción es relevante  cuando se cuantifica la masa grasa o se estudian sus características metabólicas.

Hay dos variedades de tejido adiposo: La llamada grasa blanca y la grasa parda. Se diferencian fundamentalmente en las características morfológicas de sus células. Aunque las dos tienen capacidad de almacenar grandes cantidades de lípidos su comportamiento metabólico es distinto. También se distinguen, además de por su color, por su vascularización e inervación, por su localización y por las funciones que cada una de ellas realiza.

La grasa parda tiene una función termogénica durante el primer año de vida, al final del cual se creía prácticamente desaparecida transformándose en grasa blanca. Sin embargo, hoy ya se acepta su existencia en los adultos ya que se han descrito adipocitos marrones dispersos entre los blancos (en el tejido graso perirrenal de las biopsias renales).

El tejido adiposo común, blanco o amarillo (grasa blanca) es en realidad una acumulación de lípidos con el fin de almacenar energía y es la causante de la obesidad y sobrepeso así como otros problemas de salud derivados de ellos.

La distribución anatómica del TA tiene patrones que se modifican con la edad y el sexo. En general, el grosor del TA subcutáneo aumenta en los niños en el tronco del cuerpo durante la adolescencia y en la zona glúteo-femoral en las niñas, lo que conduce a fenotipos distintivos. Se han descrito como patrón de grasa androide y ginecoide.

La masa grasa aumenta entre los 40-50 años, tanto en hombres como en mujeres y continúa aumentando hasta los 70-80 años. Tiene lugar asimismo un factor de redistribución ya que a lo largo de la vida va acumulándose en mayor cantidad en el tronco y en los órganos peri viscerales que en las extremidades.

La masa grasa es el elemento que más puede modificarse de la CCO ya que puede variar en una persona desde un 60 hasta un 10% si pasa por distintas fases de obesidad y delgadez.

Funcionalmente grasa blanca es un depósito de lípidos y de energía al contrario que la grasa parda, porque al tener una proteína desacoplante impide que libere el mismo tipo de energía que la blanca. Esta última lo hace en forma de calor.

El TA está influenciado por dos sistemas fisiológicos:
Uno de ellos está asociado  con la regulación del peso del individuo en el llamado “a corto plazo” pues controla el apetito y el metabolismo de manera cotidiana. Este sistema viene determinado por la actividad de dos hormonas peptídicas antagónicas que se sintetizan en el aparato digestivo; una de ellas es activadora del apetito, la ghrelina sintetizada y liberada por las células del estómago y la otra es el péptido YY secretado en el ilion y en el colon e  inhibidora del apetito.

El otro sistema es el regulador del peso “a largo plazo”. Éste controla el apetito y el metabolismo de manera continúa por meses y años. En este sistema la leptina y la insulina son las hormonas encargadas de modular el apetito y el metabolismo de grasas y carbohidratos.

La grasa se acumula en el cuerpo humano dependiendo del sexo constituyendo los caracteres sexuales secundarios. En la mujer se acumula en las mamas, caderas, glúteos y en los muslos y en el hombre en la nuca, el abdomen, y en las nalgas.

En determinados lugares del organismo las células adiposas no liberan grasas sino que se mantienen sin modificarse. Es el caso, del tejido adiposo de las órbitas, de las  rodillas y las palmas de las manos que no intervienen proporcionando energía,  aunque el organismo la necesite, sino que desarrollan una función de sostén y amortiguación.

Se ha comprobado que la grasa acumulada en exceso y que resulta dañina en la enfermedad vascular es la grasa abdominal y sobre todo la intraabdomino visceral ya que se asocia a enfermedades como Diabetes,  Hipertensión arterial, Hipertrigliceridemia, Hipotiroidismo, Enfermedad Coronaria y Cerebro Vascular a la disminución de los niveles de colesterol de alta densidad (el llamado comúnmente colesterol bueno). Se ha  postulado que el mecanismo fisiopatológico subyacente en todos ellos está condicionado por alteraciones metabólicas de las grasas depositadas, sobre todo en la región.

El comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud, en 2008 (OMS-FAO) sugirió que el rango aceptable de consumo de grasa de la dieta debe estar entre el 15 y 35% de la energía total diaria en la población general y entre 20 y 35% en las mujeres en edad reproductiva y en aquellos adultos que tengan un IMC < 18,5 kg/ m2. Es decir la grasa total en una persona sana y adulta no debe proporcionar más de un 35% de la energía  diaria.

 

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